A ese muchacho siempre le veía en clase mordisqueándose las uñas y hablé con él unas cuantas veces solo porque el profesor nos colocaba en el mismo grupo para las actividades de clase.
Un día estaba yo en los pasillos de la facultad peleando a muerte con el PowerPoint. Tenía que hacer una presentación súper importante sobre etnología. De ese proyecto dependía la nota de la asignatura. Como siempre, el dichoso programita decidió que no iba a reproducir los vídeos que yo había introducido y en ese momento pasó él para acabar con mi problema en 2 minutos. Qué panoli soy...
A partir de ahí empezó a llamarme la atención y, por lo que se ve, yo a él. Comíamos juntos en la facultad, nos dedicábamos miraditas por los pasillos... hasta que un día coincidimos en un pub. Sentados uno en cada esquina de una mesa de 20, pasamos toda la noche mirándonos hasta que se me acercó a decirme: "¿vas a decidirte a besarme ya o aún tengo que esperar un poco más?" Aquello fue digno de una película empachosa, pero súper bonito. Creo que no paramos de besarnos hasta que me dejó en mi casa.
A partir de ahí todo fue perfecto. Venía a casa a recogerme, íbamos a pasear, tomar café... pasábamos horas sentados con un café y tabaco hablando de mil cosas. Siempre tenía palabras y detalles preciosos para mí, apreciaba que me hubiera arreglado o que hubiera hecho el esfuerzo de salir después de venir del curro. No hubo nada malo. Jamás se sobrepasó o insinuó algo que yo no quisiera hacer.
Y NO. No hubo sexo. No hizo falta. Nos llenábamos tanto mutuamente que el sexo se convirtió en algo sin importancia y, como tal, no sucedió.
Mientras tanto, yo pensaba en A. bastante, y él en su novia, por supuesto. Tenía muchos remordimientos pero luego, pensando en frío, me daba cuenta de que de no ser por M., yo habría dejado la relación con A. Obtenía de M., lo que A. debería de haberme dado todo el tiempo.
Cuando volvimos cada uno a su respectivas ciudades, seguimos en contacto durante un tiempo. El tiempo que él tardó en decidir que quería a su novia y se dedicaba a contarme lo bien que iban las cosas con ella mientras yo seguía loca por sus huesos, inventando para reencontrarnos alguna vez.
Hoy, cuando lo pienso en frío, creo que él podría haber sido el hombre de mi vida si yo hubiera jugado bien mis cartas. Cometí errores al no hacer cosas que, entonces, creía que estaban mal. Y es más, si él me hubiese elegido a mí, le habría seguido a cualquier sitio.
Y es que, la verdad, creo que jamás he estado más enamorada de alguien en mi vida.
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domingo, julio 10
viernes, junio 3
A L o v e S t o r y
Creo que ésta es una historia que merece ser contada. Es lo más bonito que me ha pasado en mi vida y, si las circunstancias de aquel muchacho hubieran sido otras, las cosas ahora mismo serían muy distintas.
La historia empieza en septiembre de 2006... aunque, pensándolo bien, mejor retroceder hasta febrero. A. y yo llevábamos juntos diez meses escasos, de los cuales, tres, habíamos pasado separados. Yo, por supuesto, estaba enamoradísima: una niña con 19 años que sale con un tío de 22, guapo, simpático, gracioso... un poco autista de vez en cuando, eso sí, pero ¿qué más quería? De repente, un día me doy cuenta de que en el corcho de su habitación hay un post-it pegado que reza: "Mirar las becas de EE.UU." Yo me puse echa una fiera. Estaba en mi segundo año de carrera, tercero era el ideal para el Erasmus, yo estaba dejando pasar la fecha de solicitud porque no quería separarme de él ¡¡y resulta que él estaba pensando en irse a Yanquilandia sin ni siquiera haberme dicho una palabra!!
Total, sin entrar en más detalles, el día 4 de septiembre él volaba a Canadá y yo a Reino Unido el 29.
Nos vimos en Navidad. Sin pensármelo dos veces, viajé hasta Canadá para verle y pasar tres semanas con él de viaje por algunas ciudades de Canadá y EE.UU. Aquí tengo que decir que él corrió con la mayoría de los gastos pero las 30 horas de viaje y las desgracias que me ocurrieron me las llevé yo, así como el no pasar esas fechas con mi familia.
In the meantime, cero llamadas, hablaba con él de higos a brevas, me contestaba los mails cuando le venía en gana, le escribí cartas y no me contestó ni una... Yo estaba desesperada, porque no sabía nada de él y tampoco entendía porqué él no quería saber de mi más de lo necesario. Esta situación se prolongó de octubre a julio, oséase, to el año. Hubo una temporada en marzo-abril en la que no me cabía más amargura y quise mandarlo todo a tomar por culo de una vez.Y debería de haberlo hecho, porque ese era el momento.
Volvimos a vernos en mayo, cuando su beca terminó y ya volvía a España. Pasó tres o cuatro días conmigo, no más.
Por entonces, yo había conocido a M., un chico que por entonces tenía 22 o 23 años y estaba pasando solo un cuatrimestre en Inglaterra. De febrero a junio. Me llamaba la atención en clase. Se le veía un tío callado, interesante... pero nada más.
Y cómo veo que me estoy alargando tela, seguiré luego :)
La historia empieza en septiembre de 2006... aunque, pensándolo bien, mejor retroceder hasta febrero. A. y yo llevábamos juntos diez meses escasos, de los cuales, tres, habíamos pasado separados. Yo, por supuesto, estaba enamoradísima: una niña con 19 años que sale con un tío de 22, guapo, simpático, gracioso... un poco autista de vez en cuando, eso sí, pero ¿qué más quería? De repente, un día me doy cuenta de que en el corcho de su habitación hay un post-it pegado que reza: "Mirar las becas de EE.UU." Yo me puse echa una fiera. Estaba en mi segundo año de carrera, tercero era el ideal para el Erasmus, yo estaba dejando pasar la fecha de solicitud porque no quería separarme de él ¡¡y resulta que él estaba pensando en irse a Yanquilandia sin ni siquiera haberme dicho una palabra!!
Total, sin entrar en más detalles, el día 4 de septiembre él volaba a Canadá y yo a Reino Unido el 29.
Nos vimos en Navidad. Sin pensármelo dos veces, viajé hasta Canadá para verle y pasar tres semanas con él de viaje por algunas ciudades de Canadá y EE.UU. Aquí tengo que decir que él corrió con la mayoría de los gastos pero las 30 horas de viaje y las desgracias que me ocurrieron me las llevé yo, así como el no pasar esas fechas con mi familia.
In the meantime, cero llamadas, hablaba con él de higos a brevas, me contestaba los mails cuando le venía en gana, le escribí cartas y no me contestó ni una... Yo estaba desesperada, porque no sabía nada de él y tampoco entendía porqué él no quería saber de mi más de lo necesario. Esta situación se prolongó de octubre a julio, oséase, to el año. Hubo una temporada en marzo-abril en la que no me cabía más amargura y quise mandarlo todo a tomar por culo de una vez.Y debería de haberlo hecho, porque ese era el momento.
Volvimos a vernos en mayo, cuando su beca terminó y ya volvía a España. Pasó tres o cuatro días conmigo, no más.
Por entonces, yo había conocido a M., un chico que por entonces tenía 22 o 23 años y estaba pasando solo un cuatrimestre en Inglaterra. De febrero a junio. Me llamaba la atención en clase. Se le veía un tío callado, interesante... pero nada más.
Y cómo veo que me estoy alargando tela, seguiré luego :)
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